martes, 7 de diciembre de 2010

El niño del cuadro

El niño del cuadro
Autor: Luis Blanco Marín

A un cuadro pintado
por mi mejor amigo:
Mi hermano Lorenzo.


Sentado está junto al mar
el niño que está en el cuadro.
Parece que está dormido...
parece que está llorando...
Quizás sueñe con la gloria
de un pedazo de pan blanco;
que está vestido de hambre
el niño que está en el cuadro.

En sus bolsillos vacíos
el niño mete las manos.
Busca el calor que la vida
le fue robando a destajo,
que está temblando de frío
el niño que está en el cuadro.

Él no sabe de caricias,
Ni de besos, ni de halagos.
Sólo la brisa del mar
besa su pelo rizado,
y acaricia la tristeza
del niño que está en el cuadro.

Abandonado del mundo,
a nadie tiene a su lado,
y se ha sentado en su sombra
para morirse despacio.
Nada le importa la vida.
¡Tiene un sabor tan amargo!

¡Qué solo está junto al mar,
el niño que está en el cuadro!

1976


viernes, 12 de noviembre de 2010

La chica del tren

Largo pelo rizado como catarata de oro por la espalda, ahora recogido en un cofre atado a la goma en su cuello blanco celestial. La mirada perdida en el horizonte, yendo del infinito al sueño que encierran sus párpados de largas pestañas.

Se quita la ropa como atosigada por el calor del vagón, pero lo hace con la dulzura de quien recibe en su lecho al amor de su vida. El gesto del brazo apoyado en la ventana, sobre el que intenta dormir, delata una delicadeza propia de hadas y princesas de cuentos olvidados.

Una cara redonda sitúa una nariz perfecta sobre una medio sonrisa, con la que deja ver al mundo su paz y su tranquilidad. Es alta y una cadena dorada le cuelga del néctar de su cuello dibujando en su recorrido el contorno de unos pechos redondos, bien formados, detrás de una camiseta gris que apenas tapa los hombros, y que deja ver sus largos y delicados brazos, con los que sujeta sus libros, cuadernos y ropa.

De vez en cuando sale de su sueño y otea el tren, y al loco del cuaderno del asiento de enfrente, que da gracias al azar que este amasijo de belleza, paz y tranquilidad se haya sentado enfrente para despojar esta libreta del polvo de la apatía y la esterilidad.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El futuro de la seguridad vial

Es satisfactorio ver como en los últimos años o décadas ha bajado el índice de siniestralidad en nuestras carreteras y, multas mediante o campañas de concienciación, ahora somos más respetuosos con nuestros compañeros de ruta.

Sin embargo, estas propuestas y estas mejoras que se han implantado tienen un tope, y hemos de proponer nuevas vías para seguir avanzando en esta materia y no quedarnos estancados. En mi opinión, gran parte de los problemas vienen de dos factores: la falta de empatía hacia el resto de conductores, y la ausencia de mecanismos de mejora de la conducción.

El primer punto es debido a que de el coche de al lado sólo vemos una caja de chapa con ruedas, y no pensamos que dentro hay personas con historia, sueños y familia. Esto nos hace fríos a la hora de respetar sus espacios, sus maniobras, permitir sus fallos o alabar sus detalles. Nos falta ver en los coches vecinos a sus verdaderos conductores.

El segundo punto es importante porque la mayoría de los conductores de hoy en día viciamos fallos que pasan a ser constante en muchos de nosotros, tales como no circular por el carril de la derecha en vías dobles, no poner intermitentes y demás. Esto sucede porque nadie nunca nos dice que eso no debe hacerse así, y no vemos el mal que causamos.

Estas dos brechas podrían salvarse si mejoráramos la comunicación entre vehículos, pudiendo de alguna manera hacer saber al conductor de al lado cuando está haciendo algo mal y, de una manera amable, agradecerle el detalle de alguna maniobra o pedir perdón cuando somos nosotros quienes lo hemos hecho mal de manera involuntaria. Mejoraríamos la empatía por los conductores vecinos viendo gente dentro de las chapas que nos acompañan en la carretera, nos haría ser conductores más amables, mejores personas, más felices, con menos nervios, estrés y más paciencia, además aprenderíamos cuando estamos haciendo algo mal mediante la comunicación con quien sufre nuestros fallos, revertiendo todo eso positivamente en la manera en la que nos comportamos en la carretera.

La propuesta práctica que a mí se me ocurre consta de unas luces en cada vehículo, que podrían situarse como la luz de freno arriba de los parabrisas delantero y trasero, en la que esta podría iluminarse de tres colores:

Azul: Significa "Lo siento". La prenderíamos cuando hemos hecho algo mal, sin querer, y queremos hacer notar a nuestros vecinos que lo sentimos por ello.

Verde: Significa "Gracias". La prenderíamos cuando queremos agradecer el gesto de habernos cedido el paso, abrir hueco para incorporaciones, facilitar adelantamientos, e infinidad de cosas que pueden hacerse para mejorar la conducción de nuestros vecinos.

Amarillo: Significa "Eso está mal". La prenderíamos si queremos hacer notar a alguien que está maniobrando incorrectamente: adelantamientos imprudentes, exceso de velocidad o circulación por el carril de la izquierda teniendo uno libre a la derecha, entre otros.

Con estas propuestas, creo que podríamos seguir mejorando los índices de siniestralidad vial, haciendo de nuestras carreteras un espacio más humano y de la conducción una actividad más cívica y compartida.

jueves, 21 de octubre de 2010

Noches azules de nostalgia

De entre todas las noches, elijo la más fría, la más oscura, la más solitaria. Una calle de Brooklyn asolada por el humo de las alcantarillas bajo farolas amarillas que tintinean al ritmo de un tema de Gershwin. Unas solapas de la chaqueta que se suben al tiempo que un suspiro nos recuerda lo que fuimos, y lo que queremos ser.

Elijo la nostalgia, como bálsamo reparador, como elemento imprescindible para la armonía de todo lo que nos rodea.

viernes, 8 de octubre de 2010

Estrategias de vida

"Yo no sé
cómo hay quien malversa la vida,
cómo hay quien invoca una herida,
como pueden gastar el amor.
Yo no sé.
Como si nos faltaran cadenas,
como si nos sobraran las cenas,
como si diera dicha el dolor."
Silvio Rodríguez

Ser bueno y dar todo lo bueno de ti, aparcando la inquina, evitando la maldad, el hacer daño, no es sólo una necesidad de aquel que vive en armonía con su espíritu, sino además una estrategia infalible para ser feliz en la vida.