lunes, 9 de junio de 2025

Un faro

(Publicado en el Diario Hoy el 2025/04/25)

¿Cuántas historias caben en una sola foto? Recientemente he podido visitar la exposición tremendamente acertada propuesta en el MEIAC por el 30 aniversario de la inauguración del museo: Variaciones sobre El Panóptico. De cárcel a museo (1995-2025). Como todos sabemos, el museo está ubicado en la antigua cárcel de estilo panóptico que fue escenario de multitud de episodios de represión sobre ciudadanos, muchos de ellos solo por amar de forma diferente. Se pueden ver fotos de la prisión meses antes de su derribo, así como de las celdas, y algunos extras muy interesantes que mencionaré después.

Una de las fotos precisamente está tomada en una de las celdas. Colgando de una pared, un recorte de una revista muestra un reportaje sobre las reconstrucciones de vagina que, siempre según Marie Claire, se estaban popularizando en París en la época como medida para restituir el honor. ¿Qué hay detrás de un cartel colgado en la pared de una celda? Podría ser el simple deseo de visualizar un sexo femenino en la pared de la solitaria celda, pero quizás también podría haber un deseo de arrepentimiento, de visualizar una salida para una posible víctima, o tal vez una deseada reconstrucción, transformación y transición de la propia identidad. Nunca lo sabremos.

En cualquier caso esa hipotética reconstrucción me lleva a pensar en la propia transformación del museo —¿estaría esta imagen también en la mente del fotógrafo Vicente Novillo?— y cómo se le ha dado la vuelta algo tan tenebroso como es una cárcel de estilo panóptico. Esta propuesta teórica de Bentham de finales del siglo XVIII, es la que marcó el rumbo a la cárcel moderna: un dispositivo de vigilancia. Pero, tal y como explica Foucault en su obra ”Vigilar y castigar”, el objetivo no es solamente vigilar, sino que el vigilado sepa que está permanentemente vigilado y sea él mismo quien sea autocensure en sus actividades. El panoptismo que propone Foucault trasciende los muros de la prisión. Un observador central, guarecido en su torre, que vigila a todos los presos a la vez. Una prisión en pleno centro de la ciudad, con su imponente torre, que recuerda a todos los ciudadanos cómo han de comportarse conforme al decoro de las normas de la moral católica dominante.

Volvamos al museo. Entre los extras que la exposición nos ofrece y que mencionaba anteriormente están una serie de creaciones del famoso autor local Luis Costillo. Una, sobre todo, capturó mi atención por su potencia para generar imágenes en el espectador. Como buen artista, Costillo le da otra vuelta de tuerca al concepto y plantea que la transformación que vive el espacio —de cárcel a museo— lo transiciona de panóptico a faro, donde la estructura que Bentham diseñó para la represión se aplica en sentido contrario, trascendiendo de nuevo, igual que proponía Foucault, los muros de la prisión. Ya no son los vigilados y castigados los que exponen sus cuerpos y sus vidas a los represores: son los artistas los que ofrecen su arte a través de sus miradas radiales como luz que ilumina y guía a toda la ciudad de Badajoz.

En el momento en que esas creaciones fueron concebidas —hace más de 30 años— los problemas eran otros y las intenciones seguramente fueran otras, pero toda buena obra siempre tiene una visión atemporal. ¿No nos recuerda esa vigilancia multidireccional a la vigilancia a la que voluntariamente nos sometemos en las redes sociales? ¿Son estas un altavoz para nuestras opiniones o son un foco puesto sobre nuestra intimidad? ¿Son un faro con el que podemos iluminar a quien quiera acercarse a nosotros o son un vigilante perpetuo al que, con el simple deslizar de un dedo, invitamos a sentarse a nuestra mesa y tumbarse en nuestra cama? El buen arte, en mi opinión, no nos ofrece respuestas: solo preguntas. Enhorabuena de nuevo al equipo del museo.

Miguel Blanco Otano
Badajoz, abril de 2025

Una catedral de novela

Lo primero que me enseñaron cuando comencé mi andadura narrativa fue que una buena novela es como un iceberg: debe mostrar cosas interesantes, pero sobre todo debe sugerir muchas más. Desde hace siglos, incluso los novelistas más creativos y originales han entendido que ninguna palabra escrita puede superar a la imaginación del lector. Es por eso que la clave siempre será sugerir y esconder, mostrar y ocultar. El monstruo narrativo que se arma en la cabeza del lector es inmenso, personalizado, inigualable a irrepetible.

La visita a la catedral de Badajoz que realizamos hace unos días parece haber sido diseñada con esa máxima narrativa como elemento principal. No es una visita al uso puesto que desde el principio se ofrece al visitante, a través del recién reestrenado museo catedralicio, el maravilloso claustro, las bonitas capillas y las enigmáticas criptas, una suerte de retablos escondidos, apariciones de cuadros detrás de muros, aljibes secretos por conocer, criptas tapadas por descubrir. Yo, en mi imaginación, comencé desde el primer momento a recrear en mi cabeza escenas propias de Indiana Jones entrando en la cripta desconocida, encontrando tesoros únicos y pasadizos secretos que conectaran el aljibe inexplorado con otros monumentos y lugares emblemáticos de la ciudad, como en alguna ocasión el imaginario popular pacense ha llegado a sugerir.

Ante nuestras insistentes preguntas de por qué había criptas sin abrir, falsos fondos por explorar y retablos por datar, la amable y conocedora guía nos contestaba, una y otra vez, que era debido a la falta de fondos. Yo, con mi mente de escritor, me repetía una y otra vez «no puede ser verdad, pero qué buen truco narrativo para enganchar al visitante».

Uno tiende a pensar que la catedral tiene que saber qué hay escondido tras esas criptas y esos muros, porque semejante valor arquitectónico e histórico, en pleno siglo XXI, no puede seguir oculto bajo ninguna lógica. Puede ser así, o quizás sea simplemente que en Badajoz no tenemos ningún aprecio o respeto por nuestro patrimonio y nuestra historia.

Miguel Blanco Otano
Badajoz, febrero de 2020

domingo, 6 de noviembre de 2022

Espacio público

(Publicado en el Diario Hoy el 2020/07/01)

Con las recientes restricciones impuestas por la COVID-19, sobre todo en lo relativo a la distancia física, que no social, y el favorecimiento de los espacios abiertos frente a los cerrados, surge la necesidad de repensar en el espacio público.

Numerosos bares necesitan poner más mesas y más distanciadas en las terrazas para atender a su clientela, para que podamos disfrutar, sobre todo, de los magníficos desayunos que se sirven por estas tierras. Cualquiera que haya salido de Extremadura sabe lo que se echan de menos las migas o esos molletes bien preparados y cortados. Es por eso que hay que mirar de qué manera podemos ser más eficientes para que la tostada de cachuela esté libre de posibles contagios de los churros de la mesa de al lado, y viceversa.

Paso a menudo por la calle Juan Carlos I de Badajoz —pero esta calle representa solo un ejemplo— y veo que siempre, siempre, hay coches parados en doble fila a ambos lados. Afortunadamente, estos no detienen la circulación. Podríamos decir, porque así sucede, que la calle Juan Carlos I es, en realidad, una calle con un único carril en cada sentido. Es la prueba de que el segundo carril no es en absoluto necesario para la circulación y, por lo tanto, podemos prescindir de él. Como digo, esto pasa en muchas más calles de todas las ciudades de Extremadura.

La ciudadanía tendrá que elegir entre más espacio para nuestros desayunos o más espacio para que algunos conductores paren en doble fila saltándose la ley. Yo, desde luego, lo tengo claro.

Miguel Blanco Otano
Badajoz, julio de 2020

Autocrítica

En la famosa novela Nadie lo supo de Jason Martínez, un padre es retratado cuando su hijo empieza a poner frente a él todo lo que no le ha gustado de la educación que ha recibido. En lugar de, con humildad y ganas de mejorar, escuchar lo que su hijo tiene que decir, el padre se enfada y le dice que su educación ha sido perfecta y que no hay nada que mejorar, y que cualquier cosa que se aleje de ese discurso es un insulto. La brecha generacional de la que habla toda la novela se resume en esta sola discusión.

Ni la novela anterior existe, ni el autor. Lo que sí existe son voces que han tratado se ser críticas con el sistema, sea con canciones, rótulos de RTVE o declaraciones públicas sobre lo imperfecta que es nuestra democracia. Siempre que escucho críticas veo oportunidades de mejora. Sin embargo, nuestra sociedad, anclada todavía en la posición testosteronil del padre de la famosa y ficticia novela Nadie lo supo, no es capaz de admitir críticas, defiendiéndose con cárcel, despidos e insultos.

Una democracia adulta es capaz de escuchar las críticas que puedan derivarse de su comportamiento y escucharlas con atención, como oportunidad única de mejora. No concibo otra manera de ser cada día mejores.

Miguel Blanco Otano
Madrid, febrero de 2021

Los futbolistas se duelen

(Publicado como carta al director en El País el 29 de junio de 2022)

Es una expresión que se ha popularizado entre los comentaristas de los partidos de la Eurocopa y que reconozco que nunca había escuchado. Sí que me son familiares otras como “le duele”, o “se queja”, aunque imagino que decir que un futbolista se queja no es propio de un mundo donde la testosterona es la moneda oficial. Pero sí, básicamente es lo que más hacen los futbolistas hoy día: quejarse.

Miguel Blanco Otano
Madrid, junio de 2021

sábado, 5 de noviembre de 2022

Ejemplaridad

Doy por hecho que es imposible educar a mis hijos sin predicar con el ejemplo. De la misma forma pienso que es imposible que la policía transmita y fomente el respeto a las leyes si ellos no las cumplen. Se saltan semáforos en rojo sin estar en urgencia, aparcan en doble fila o encima de la acera, bloquean calles parando donde les da la gana, habiendo espacio para hacerlo correctamente, ... Todo esto limitando mis comentarios a la circulación vial. No hablo de casos más graves y delictivos que vemos en las noticias y que son, ya sabemos, casos aislados. Lo que describo es un comportamiento totalmente normalizado y aceptado, cuando no debería de ser así.

Es una actitud de quien se sabe por encima de la ley. Sé que son cuestiones menores, pero deja entrever una forma de entender la igualdad y el respeto a la ley que está muy lejos de la escrupulosidad que yo espero de quien es garante de la ley y tiene, además, el monopolio de la violencia.

No se puede educar si no es desde la ejemplaridad. No se puede exigir respeto por las leyes sin respetar las leyes.

Miguel Blanco Otano
Madrid, junio de 2022

Compartir

Te sientas en un banco, o en una terraza en un bar. A los cinco minutos llega otra persona y se pone de pie, a tu lado, a esperar —presionar en silencio— a que termines tu consumición o que desalojes el banco. Es raro ¿verdad?

Pues esa es la dinámica habitual que tienen que sufrir mis hijos cuando se suben a un columpio en el parque. ¿Por qué los estándares de educación y urbanidad son diferentes para niños y adultos?

Miguel Blanco Otano
Madrid, septiembre de 2022

miércoles, 23 de junio de 2021

Modo robado en teléfonos móviles

 Lo que el mercado propone no está mal, pero esto está mejor:

El modo robado se activa con una llamada telefónica que recibe el terminal desde el sistema central (Apple iOS, Androide, lo que sea…). A partir de ahí:

1. Se bloquea, aunque el terminal esté sin datos.

2. Se activa la tarifa roaming y datos esté donde esté. 

3. Se impide que se apague y maximiza la batería para enviar datos importantes como fotos, localización, wifi cercanas, ...

Obvio que si se desmonta el terminal o se rompe o se mete en una caja de Faraday, pues adiós, pero eso hace completamente inservible el terminal.

viernes, 28 de mayo de 2021

El 15-M fuera de la política

Cientos de artículos leeremos estos días sobre el aniversario del 15-M, pero yo quiero hablar del 15-M fuera de la política.

Aquellos días, tal y como yo los viví, fueron una experiencia mucho más reveladora que una simple reivindicación política: se trataba de una forma de entenderse, de una forma de comunicarse, una manera de poner en el centro del tablero otras necesidades de las personas más allá de la representación parlamentaria. Entender la democracia como una forma de vida, y no solo como unos retoques a la manera de articular unos poderes que llegan desde arriba. Aprendimos que 200 personas pueden comunicarse sin problema, que es posible escucharse, que es posible ponerse en la piel del otro y que temas como los cuidados, los afectos, las necesidades de los más desfavorecidos o la inclusión social son importantes y tienen que ser el eje no solo de la política sino de todo nuestro concepto social y de la relaciones interpersonales.

A mí me ha moldeado y me ha afectado en la manera en la que me relaciono con mis compañeros de trabajo, con mis amigos, con mis familiares, incluso ahora con mis hijos. Entiendo que el futuro tiene que pasar por otra manera de entender la vida y entender las relaciones entre unos y otros. El valor de aquellos días de primavera no fue cambiar la política para que esta afecte y mejore la vida de la gente, que también. La potencia del 15-M radica en que cambió la manera de pensar —y de creer— de mucha gente, y eso, indudablemente, moldeará la política del futuro.

Miguel Blanco Otano
Madrid, mayo de 2021

lunes, 19 de abril de 2021

El fútbol: mi deporte favorito

Ni fumo ni tengo vicios mayores que algún vermú de vez en cuando cocinando o un buen vino con el jamón. Pero cuando se trata de jugar al fútbol, vendo a mi mejor amigo por saltar al césped.

Sin embargo, me da muchísima vergüenza todo lo que rodea al fútbol profesional. No sé ni por dónde empezar, pero todo lo malo que tiene nuestra sociedad se refleja en el fútbol profesional.

Sueldos indecentes alimentados por tiempo excesivo en televisión y radio. Aficiones ultras que (salvo excepciones) son ejemplo de incivismo y violencia callejera, incluyendo asesinatos. Empresas de apuestas metidas hasta los huesos. Presidentes mafiosos que usan los clubes para lavar dinero. Maletines para amañar partidos.

Y en el campo: jugadores con horas diarias de entrenamiento físico que caen al suelo cuando otro jugador le roza un hombro y que buscan engañar al árbitro a la primera ocasión. Que pierden tiempo tirando la pelona por ahí cuando no les corresponde y protestan al árbitro sin educación cuando no tienen ni idea de qué ha pasado en la jugada.

Mira que me gusta ese deporte, pero admito que si lo prohibieran harían un tremendo favor a toda la sociedad.

Miguel Blanco Otano
Madrid, abril de 2021

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Tienes una cita

La moda esa de quedar sin quedar es lo que voy a pedir que cambie para el año que viene.

La gente ya no se compromete ni a tomar un café. Se hacen planes pero hay impunidad absoluta para deshacerlos a última hora o posponerlos el tiempo que haga falta, sólo por el hecho de tener un teléfono móvil con el que comunicarlo. Las propuestas de citas no se contestan y se dejan las proposiciones en el aire durante días, o simplemente los planes no se concretan: «ya lo vamos viendo».

Y lo peor es que creo que sucede porque la gente quiere mostrar a la sociedad que tiene varios planes, una agenda ocupada, muchas cosas interesantes para hacer. Todo con el absurdo objetivo de proyectar una imagen de persona de éxito.

¿Quieres quedar conmigo para tomar un café? Hagámoslo, pero marca la cita en rojo en tu agenda. Así me estarás demostrando algo realmente importante y positivo de ti: que respetas a los demás.

Miguel Blanco
Badajoz, 27 de diciembre de 2017

miércoles, 20 de diciembre de 2017

El vagón encendido

Sucedió anoche, en el último vagón de metro de la línea roja, dirección Cuatro Caminos. Yo venía cansado después haber discutido con mi madre por un asunto que no viene a cuento mencionar. Llevaba los auriculares puestos, pero sin música ni sonido alguno, simplemente para evitar ser molestado. Es por eso que pude contemplar la escena con total tranquilidad.

Una chica delgada, con el pelo muy corto y negro, salvo por una fina trenza que le bailaba a la espalda, entró ágilmente justo antes de cerrarse las puertas en la parada de Sol. Seleccionó con la mirada a su víctima, un chaval joven con cara de aburrido y sandalias marrones, interpelándole directamente.

—¿Qué opina usted de la monogamia en nuestra sociedad? —le dijo sin más presentaciones.

Yo pensaba que el chico iba a tildarla de loca o sencillamente ignorarla.

—Pues que depende mucho del acuerdo previo entre los miembros de cada relación—dijo en su lugar.

Me pareció una respuesta bastante forzada, casi preparada. Pero todo sucedió muy rápido, y en seguida me olvidé de este aspecto que más tarde se revelaría crucial.

—¿Y usted? —dijo la chica mirando a una señora—, ¿está de acuerdo con esa afirmación?

—Déjeme en paz —dijo esta con mal tono.

—¡Dos de cada tres personas son infieles en sus relaciones! —añadió un muchacho en la otra punta del vagón, casi a voces.

La señora contestó a éste último defendiendo su honor y su integridad matrimonial y ahí fue cuando todo se fue al traste. Otro señor alzó la voz y otra chica después, sin que estuvieran claros sus argumentos. Cuando todo estaba perdido y nadie se escuchaba, un tipo argentino se ofreció a hacer de moderador, y a todo el mundo le pareció una buena idea. El debate estaba servido.

Nadie, salvo yo, se dio cuenta de que la chica de la trenza, el primer interpelado de sandalias marrones y el muchacho que dio el dato a voces desde la otra punta del vagón salían de éste en la parada de Quevedo. Se abrazaban en el andén, en actitud inequívoca de celebración.

Miguel Blanco
Madrid, noviembre de 2017

viernes, 24 de noviembre de 2017

En la azotea

Cuando parecía que estaba muerta, la aguja por fin se coloca en su sitio. Atravieso sigiloso el pasillo. Cruzo la puerta de la calle. Encajo la llave y giro suavemente para evitar cualquier ruido. El ascensor llega puntual, como cada noche. Se abre y allí está ella. Le sonrío y me tiende la mano. El corazón se me dispara. Afuera los vecinos bajan las persianas. Bajan el volumen de la tele. Bajan la basura. Adentro nosotros elevamos sueños. Pulso el botón del último piso. Apenas se cierra la puerta, el mundo exterior se derrumba.

Miguel Blanco
Madrid, marzo de 2015

Orden del día

—Bueno, siguiente punto del orden del día. ¿Evaristo?
—«Nuevas categorías» —leyó obediente Evaristo.
—Se comentó en la pasada reunión que la gente empieza a considerar los sueños como posibles. Esto sería intolerable para nuestra empresa. Ahora está en la misma categoría que metas y deseos: en la categoría de «utopicus». Se ha propuesto cambiar el status de sueños. Pasaría a «prohibitus».
—Sí, sí, ¡buena idea! —contestaron todos los señores con corbata.
—Entonces. Elevamos sueños a la categoría de "prohibitus". ¿Votos en contra? —silencio—. ¿Abstenciones? —más silencio.

Miguel Blanco
Madrid, marzo de 2015

domingo, 5 de marzo de 2017

El partido del siglo

El césped está ligeramente mojado. La lluvia de por la mañana favorece con claridad al equipo local, que se posiciona como favorito en todas las apuestas, en contra de la opinión de no pocos expertos. Los telediarios nacionales llevan toda la semana hablando de lo mismo. La estrella del equipo local, el delantero brasileño Rui Bento, acaba de sufrir una dura entrada por parte de un defensa del equipo rival. ¿Será el día para Luis Matejón? El joven delantero lleva meses esperando su oportunidad de formar pareja de ataque con Ramón Sanlúcar, con quien tan buen resultado obtuviera en la temporada pasada, cuando el equipo logró conquistar la Copa del Rey. Entre ambos lograron sumar más de 50 goles, y la conexión entre ellos fue portada en diversos medios deportivos.

En efecto, Luis Matejón recibe instrucción de calentar y salta a la banda como un rayo. La grada, que se había quedado muda tras la dura entrada, enloquece al ver que el posible remplazo pueda ser el canterano Matejón. Este realiza energéticas carreras en la banda sin quitar ojo del fisioterapeuta que atiende a su compañero Rui Bento. Los presagios no son positivos. Recibe la orden de despojarse del chándal y en pocos segundos está dando saltos junto al entrenador, atento a las instrucciones de este.

—Mucha presión arriba, chaval —le dice tampándose la boca con la mano—. Están nerviosos y hay que aprovecharlo. Bajas un poco a recibir bola, abres a banda y rápido a colocarte en posición de remate. Un ojo a Ramón y vamos, joder, a por todas.

Luis Matejón recibe una fuerte palmada en la espalda que le hace salir al campo a trompicones. Apenas puede mirar a su compañero Rui para que, aunque sea visualmente, le ofrezca el relevo.

Los primeros minutos se muestra nervioso. Sabe que hoy es un día muy especial. Una mirada cómplice de su compañero y amigo Ramón Sanlúcar le tranquiliza. Se para unos instantes mientras el balón sale por banda. Mira a la grada y respira. Es su momento. Da unos saltos y decide centrarse en hacer lo que mejor sabe: jugar al fútbol. Justo cuando su cabeza vuelve al campo, está recibiendo un balón en corto, recién recuperado por Ramón. Luis, con calma, lo para, mira hacia un lado sin intención de ir hacia allá, sólo dando tiempo a que Ramón inicie carrera en banda. Se la ofrece en profundidad y este llega a la bola con la suficiencia de su larga zancada. Recorta y devuelve a Luis en posición ya de ataque. Aún así dos contrincantes se le echan encima. Aprovechando la velocidad de estos hacia él, les pica la pelota ligeramente en dirección contraria y se planta en la esquina del área grande. Realiza un recorte más y está a punto de alcanzar la línea de fondo. Luis tiene dos opciones: fuerte y raso al primer palo o picarla por encima del portero que sale hacia él como un perro rabioso. Mientras está decidiendo observa como Ramón se posiciona sólo en el punto de penalti. Se la da con el exterior de la bota sin quitar el ojo del portero. Ramón, con toda la paciencia y calma del mundo, manda el esférico al fondo de la red.

El público enloquece. Tanto Luis como Ramón saben que ha sido gracias a una gran jugada del primero, y por eso este último le persigue hacia el córner, donde intenta, sin éxito, tirarlo al suelo para celebrar el golazo. Luis se zafa y corre hacia la grada, donde alguien le ofrece una pequeña caja. Ante la mirada atónita de Ramón, Luis se arrodilla en el suelo delante de él y, abriendo la cajita, le dice:

—¿Quieres casarte conmigo?

Los rumores de su relación habían salido a la luz el pasado verano, cuando fueron descubiertos de vacaciones juntos en un velero en el Mar Egeo. Tras unas primeras semanas de hostigamiento y preguntas constantes de la prensa de todos los colores, la cuestión se había calmado tras el fichaje del brasileño Rui Bento, y la consecuente relegación al banquillo de Luis Matejón.

Ramón, con la cara desencajada, a mitad de camino entre el esfuerzo y la sorpresa, mira a la grada, realmente asustado. El silencio es máximo. El público ha entendido el gesto con claridad. Ramón está a punto de obligar a su amigo a ponerse de pie, temeroso de que se confirme un escándalo internacional que acabe con su prometedoras carreras deportivas. El silencio se interrumpe de pronto con un ruido ensordecedor.

—¡Sí, Ramón! —grita la grada al unísono—. ¡Dile que sí!

Miguel Blanco
Burdeos, febrero de 2017

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Corta-pizzas matemático

Pseudopatente nº10

Fecha

Noviembre 2016

Descripción
Una pieza de metal, de aproximadamente 15 cm de diámetro y forma similar al metal usado para marcar ganado, que imprime un sello/corte en el centro de las pizzas (o tortillas, o similares) dejando una marca que permite después continuar el corte y dividir la pizza en las porciones deseadas.

La pieza tendría un sistema similar al de los bolígrafos multicolor, de forma que según qué opción configures, el “sello” será un asterisco con formas diferentes, capaz de imprimir un corte en la pizza de 3, 4, 5 o 7 partes. Las combinaciones entre ellos darán la opción de llegar a configuraciones superiores, como 6, 8, 9, 10, 12, 14, 15, …

Asumimos que el ojo humano es capaz de dividir entre 2 con facilidad, es por eso que contamos con esa opción como posible, para al hacer una rotación en el corta-pizzas, podamos alcanzar las configuraciones descritas.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Busco la gente de mañana

Trump, Farage, Le Pen, Erdogan, Putin, ...

¿En manos de quién está el futuro? Me resisto a creer que en manos de estos personajes. No sé quién vendrá a salvarnos, quizás los héroes del siglo XXI aún no son conocidos, o ni siquiera son mayores de edad todavía. Quizás no son una cara y una voz sino un enjambre de manos, quizás el 15M tenía razón.

¿Quiénes son los Gandhis, los Lech Wałęsa, los Mandela del siglo XXI? Yo no lo sé dónde están ni quiénes son, pero los estoy buscando. Querido Pablo, me acuerdo de ti en este día.

"Busca la gente de mañana
la que tiene en sus manos las olas de la vida".


viernes, 15 de julio de 2016

Eres esclavo

Viva el Betis manque pierda!". Era una frase muy repetida, no sé yo a santo de qué, en mi infancia. Y el caso es que ahora la veo por todos lados, aunque no en su forma original. Veo que en España somos muy de enfundarnos camisetas, y de que nuestro equipo siempre será el mejor haga lo que haga. No nos paramos a ver la sustancia del hecho en sí, sino que sólo nos interesan los protagonistas. Si son de los míos o si son de los otros.

Así, uno puede ser del Betis o del Sevilla, del Barça o del Madrid, de Messi o de Ronaldo, de Nesquick o de Cola Cao, del PSOE, del PP o de Podemos, creyente o agnóstico, ... Uno se hace gregario y en cada equipo ya hay un jefe o capitán que opina por él. Es muy conveniente porque así no tienes que pensar más, y puedes dedicarte a ver la tele o beber cañas. Sin embargo, lleva a que veas a gente de bien defendiendo a defraudadores a Hacienda, a pederastas, a ladrones, a maltratadores, ...

Yo sé que es muy difícil marcarte tu propio camino, es muy angustioso ser tú mismo quien decide, pero es la única manera de vivir. Da miedo poner el pie en un lugar donde nadie antes ha pisado antes, o emitir una opinión sin contrastarla con el vecino de enfrente, pero es la única manera de vivir. El resto, amigos, es ser esclavo.

Miguel Blanco Otano.
Burdeos, julio de 2016.

miércoles, 29 de junio de 2016

No me critiques

Vivo en Burdeos y el otro día me robaron el carro de la compra. Lo dejé junto a las cajas del supermercado y al salir no estaba. Lo había hecho así docenas de veces, pero en esta ocasión desapareció. La única diferencia con las veces anteriores era que ese día el supermercado estaba lleno de españoles debido al partido de la selección contra Croacia en la ciudad. No está bien criticar ni tener esos prejuicios, y menos contra tus compatriotas. Una semana más tarde el equipo pierde ante Italia y se nota una apatía tremenda en los jugadores, pero la gente luce orgullosa su amor al equipo, tratando de evitar criticar a los suyos. El PP gana tras cientos de casos de corrupción y sus fieles se enorgullecen aun sabiendo que les han robado y les seguirán robando. El PSOE toca fondo (por ahora) y se enorgullecen de no haber sido superados por Podemos. Podemos pierde un millón de votos y echa la culpa al Ministerio del Interior.

No somos capaces de aceptar las críticas. Y lo entiendo, es muy difícil. Es muy difícil aceptar las críticas sin ser dañado en el orgullo, en lo más íntimo, sin perder autoestima. Y máxime cuando vivimos en un entorno de total competencia (tanto personal, como profesional, como política) donde cualquier cesión al contrario, cualquier reflexión para aceptar errores y tratar de crecer es vista como una debilidad, siendo entonces devorado por las hienas enemigas.

En general, llevo (llevamos) años reclamando cambiar el entorno de la competencia por la cooperación. Un entorno donde sea posible la reflexión, la crítica (y donde ésta pueda ser aceptada), la conversación, el crecimiento, la aceptación de errores. Un lugar donde no haya que estar en constante lucha por ganar el uso de la palabra y de la razón. Nuestra sociedad necesita empezar a mirarse a sí misma y empezar a crecer. Sólo así podremos salir del hoyo social, político y espiritual en el que nos encontramos.

Miguel Blanco Otano
Burdeos, 29 de junio de 2016.

domingo, 15 de mayo de 2016

Capítulo 2.9

Tras varias negativas, Isidro se había dejado convencer por su padre para celebrar con él el día de su santo. De pequeño solían ir a la pradera de San Isidro y, aunque ni a él ni a su padre les gustaran demasiado, comían entresijos y gallinejas hasta hartarse. Durante años, Isidro estuvo negándose, pero cuando adquirió cierta conciencia entendió que era una cuestión de mantener la unidad familiar y la tradición, más que saciar el hambre o degustar un majar. La única realmente aficionada a esa tradición culinaria era su madre, pero rara vez probaba más que un pequeño bocado. La costumbre familiar comenzaba con un café con porras para su padre, un café con churros para su madre y un chocolate con porras para él, mientras su padre relataba por enésima vez las venturas y desventuras de cuando celebraba San Isidro labrador con sus cuatro hermanos y el abuelo Francisco, labrador toda su vida, en una pradera todavía más grande que la del distrito de Carabanchel. Su madre y él conocían de sobra todos los pormenores de las correrías de aquellos cinco pequeños granujas, y jugaban a terminar las frases de semejantes andanzas. Su padre entraba al trapo e inventaba finales alternativos a sus historias, de forma que ya no era posible saber cuál de las múltiples versiones era la real, si es que alguna lo era.

Hacía ya muchos años que no iban a la pradera a comer gallinejas y entresijos, y esa tradición había sido sustituida por una comida familiar, como la de un domingo cualquiera. Ni los churros, ni el chocolate, ni las historias del padre de familia habían sobrevivido al paso del tiempo. Lo más que llegaban a comentar de aquellos años era la vez en que Isidro se empeñó en pescar uno de esos patos de plástico de colorines que flotaban en una bañera. Cuando por fin lo consiguió, se agarró un berrinche tremendo porque la señora del puesto le quitó el pato y se lo cambió por un peluche. Hasta que no le devolvió el pato de plástico amarillo y se lo pudo llevar a casa, Isidro no se quedó tranquilo.

[...]